Esta es la Historia de Marco, un chico que decide escribir una historia por cada carta que escribió con Sandra en su relación amorosa.

¿ Por que empezó a escribir estas historias?

Sandra aparece muerta a causa del cáncer cerebral una mañana y cuando Marco acompaña a sus familiares en busca del testamento se encuentra que una de las ultimas voluntades de Sandra es que el deberá escribir su historia (que consiste en 365 cartas) y enviárselas al cielo para que un día puedan leerlas juntos.

Por Víctor Manuel Hernández Gordo

 

El encuentro

Recuerdo la primera vez que la vi, ella tenía el pelo ondulado y negro, casi parecía un mar de noche, unos ojos negros preciosos que parecían estar dibujados a carboncillo, una sonrisa tierna cubierta por unos labios carnosos.

Era Perfecta.

Allí estaba yo, caminando torpemente con las muletas y dirigiéndome al portal de casa.

Yo por aquel entonces tan solo era diana de todas las burlas e insultos de todos mis compañeros de instituto a causa de la ropa de segunda o tercera mano que recibía de mi familia para tener algo con que vestirme. Físicamente parecía un diamante en bruto, eso solía decir mi madre por aquel entonces, aun recuerdo sus palabras:

– Algún día nadie te reconocerá cuando seas mayor y te hayas convertido en un hombre apuesto – Me decía ella con una sonrisa capaz incluso de convertir un día de lluvia en un día soleado.

Recuerdo también que aquel día me apresuré demasiado en intentar sacar las llaves de mi bolsillo y me se cayeron.

– Mierda- Pensé.

Justo en aquel momento paso lo que jamás pensé que podría suceder, ella sin decir palabra se ofreció a recogerlas del suelo y con una sonrisa se presento:

– Hola, me llamo Sandra, vivo en el piso de abajo con mis padres y mi hermano, ¿ Como te llamas ?

– Me llamo Ma..Mar…Marco- Los nervios me hacían tartamudear.

-¿ Marco ? Bonito nombre, bueno, ¿ entramos ?

Con mis llaves abrió la puerta y me ayudó a subir las escaleras, estaba tan cerca de ella que pude oler el perfume de su cuello, pero lo que mas me llamaba la atención de ella eran sus ojos, no podía parar de contemplarlos.

– Bueno Marco, tengo que subir, mi padre me espera para ayudarle a hacer la comida, cuídate-

Después de despedirse comenzó a subir las escaleras rápidamente, yo me quede mirando fijamente la puerta del ascensor, me había quedado en estado de shock. Antes de entrar en el ascensor escuche como unos pasos rápidos bajaban corriendo las escaleras, era ella de nuevo y esta vez corría hacia ami,

Me besó la mejilla.

– Voy a comprar el pan, me alegro de poder verte de nuevo-

Me giré y tan solo quedo la imagen de la puerta de cristal cerrándose tras de si.

 

 

Siluetas Oscuras

Esa noche estuve acariciando la mejilla donde ella había posado sus labios, mientras tanto, observaba el oscuro techo de mi habitación.

Siluetas oscuras parecían aparecer a causa del reflejo de la lluvia que entraba por mi ventana, comenzaron a surgir formas, esas formas comenzaron a unirse y tomaron una forma humana.

Era ella, había aparecido con los brazos abiertos, flotando en mi habitación, se fue acercando hasta tumbarse a mi lado.

– Te quiero – Le dije.

Ella me devolvió una sonrisa.

Al segundo después de ella sonreírme sonó el despertador, borrando tras su sonido la escena.

Todo había sido un sueño.

Eran las 7:40 de la mañana, sabía que debía apresurarme si quería llegar puntual al ultimo día de clase, aun así, mis pocas ganas de volver a ver a mis compañeros convirtieron un día que todos ansiaban que llegase en un día normal y corriente para mi, en el cual, como era habitual se convertiría en otra ración de insultos y alguna que otra paliza.

Las 7:56

Salí muy lentamente de casa, con la cabeza agachada y dejándome el alma en un suspiro

– Allá vamos otra vez – Dije en voz baja

Y me puse en camino.

 

 

El día de la graduación

Allí estaba yo, frente a mi viejo instituto

El instituto se llamaba Salvador Espriu, tenia las paredes de un color marrón oscuro mal pintado y una enorme puerta gris, en sus alrededores había surgido un diminuto bosque ahora cubierto por alguna que otra lata de refresco de los alumnos de tercero de la ESO.

Al otro lado de ese bosque se encontraba una escuela de educación especial para chicos con alguna discapacidad, recuerdo haber escuchado a unos de esos chicos llamarnos con el sobrenombre ” Los Oyentes “

– Aquí sigues en pie un día mas – Dije al propio instituto con una sonrisa, al fin y al cabo le había pillado afecto.

Las puertas comenzaron a abrirse lentamente, un gran numero de alumnos se apretujaban para entrar, yo como siempre permanecía a la espera para entrar el ultimo y evitar toda esa carnicería que producía ese colapso habitual.

El césped estaba recién cortado y tres arboles estaban señalados de la A a la C para que nos reuniéramos con nuestros compañeros de clase, yo no tarde mas de diez segundos en encontrar mi grupo.

– Mirad a quien tenemos aquí, al cabezón de segunda mano – Dijo Ruben, mi abusón habitual con desprecio en la voz.

Yo no me atreví a contestar a su comentario con alguna frase ingeniosa, el miedo y mi baja autoestima me lo impedía, solo podía mirar al suelo.

Se fue formando un cumulo de gente a nuestro alrededor, pertenecientes incluso a algunos alumnos de los grupos B i C.

– No vas a decir nada? o te has tenido que comer tu propia lengua para tener algo que comer hoy? – No paraba de empujarme

En el momento que estuve apunto de contestar a su comentario llego nuestra tutora y comenzó a pasar lista y comprobar que estábamos todos en clase.

Se llamaba Mariángeles, tenia el pelo corto y ondulado, en mi opinión su pelo parecía acariciar su sonrisa, aparte de ser mi tutora era la profesora de Catalán, la que me hizo aprobar de forma milagrosa el catalán.

– Ha llegado el día! De hoy en adelante cada uno seguirá el camino que le llevara a cumplir sus sueños -Nos miro a todos con entusiasmo, pero pude notar que las ultimas palabras me las decía mirándome directamente a mi.

Era verdad, por fin había llegado el día, el día que terminaría con los 7 años de palizas, acosos y lágrimas que tenia que esconder con una sonrisa falsa al llegar a casa para evitar preocupar a mi madre.

Nos dirigimos todos al gimnasio, habían montado un pequeño escenario donde tendríamos que subir a recoger nuestros graduados, aproximadamente delante de 80 alumnos.

La ceremonia transcurría con tranquilidad, hasta que el director pronuncio mi nombre para subir, en ese momento mas de la mitad de los alumnos comenzaron a reírse de mi y la pandilla de Rubén comenzó a tirarme bolas de papel y a hacerme la zancadilla para que me cayera antes de llegar al escenario, uno de ellos me logro quitar una de mis muletas.

El director estrecho mi mano y me entrego el graduado, yo iba de camino a las escaleras para volver a tomar mi asiento en cuanto dijo :

– Deseas dedicar unas palabras a tus compañeros? – Sonriendo y con una mano invitándome a hablar.

– Por supuesto –

Pero en mi cabeza lo único en lo que podía pensar era en VENGANZA

Realmente había llegado el momento de poder acabar con todo esto?

Inconscientemente busque el rostro amenazante de Ruben, el estaba de pie y con los brazos cruzados, en la ultima fila,  casi podía leer en su mirada ” Di una sola palabra y estas muerto ”

Milésimas de segundo después el movió los labios, en efecto, pude entender perfectamente como me lo decía.

– Vamos, coge el micrófono, no seas tímido – Y puso el micrófono entre mis manos.

Lentamente fui acercando el micrófono a mis labios intentando controlar el temblor de mis manos producido por el miedo en ese momento.

Por mi cabeza pasaban imágenes de lo que podría provocar el echo de revelarme, de decir basta, pero lentamente se fue creando una especie de interferencia donde acabo tomando el control total de mi mente la imagen de Sandra ofreciéndome las llaves que me se cayeron el día que la conocí.

Irónico verdad? casi parecía que me estaba ofreciendo la llave que me abriría la salida a todo esto

Mis temblores cesaron, era el momento de hablar.

– Quisiera agradecer a todos mis profesores por todo el apoyo escolar que me han brindado todo este tiempo para lograr conseguir el graduado –  Dije con una sonrisa mirando a los profesores que estaban sentados en una mesa detrás de mi, cada uno con sus respectivos vasos de agua.

Ellos hicieron una pequeña reverencia con la cabeza para agradecerme mis palabras e indicarme de que siguiera hablando

– No siempre han sido momentos de felicidad y compañerismo, por no decir ninguno-

Durante unos instantes permanecí en silencio recordando cada uno de los malos momentos que sufrí

He aguantado pacientemente todos vuestros insultos, vuestras palizas, vuestra falsedad, pero ha llegado el momento de acabar con todo esto-

Entre los alumnos ahora se escuchaba un murmuro tan molesto como una colmena de avispas, y como avispas que eran, sus comentarios solo podían ser una cosa, criticas venenosas a mis palabras, no veía a Ruben por ninguna parte.

– Nunca creía que llegaría a conocer a alguien capaz de disfrutar del dolor ajeno hasta el punto de convertirlo en su placer diario, y este placer diario mantenerlo durante 7 años, me refiero a ti Ruben- Mis ojos mostraban un valor llameante.

– Gracias por tus palabras- Dijo el director asombrado retirando de mis manos el micrófono

-Ahora por favor vuelve a tu asiento –

Todo pareció haber sucumbido al silencio, quizás causado a la vergüenza de todas las actitudes que habían mantenido todo este tiempo, o eso quería pensar.

Me dirigía a bajar las escaleras cuando note una mano que me sostenía con fuerza del brazo derecho, era Ruben, parecía estar consumido por la cólera.

– Te advertí hijo de puta-

Los alumnos se levantaron sujetándose la cabeza en señal de horror, algunas chicas se limitaron a esconder su rostro entre sus manos.

Y me golpeo con tan fuerza en el ojo derecho que caí de las escaleras y no pude levantarme de nuevo, el se disponía a patearme cuando los profesores actuaron y entre todos lo sacaron del Gimnasio.

Perdí el conocimiento

Cuando desperté me encontraba en mi habitación, aun con la vista tenue pude localizar mi mesita  con la foto de grupo de la promoción de nuestro curso, cuando recupere la vista total me di cuenta que Sandra estaba sentada en el extremo de mi cama.

– Hola, ya era hora que despertases, como te encuentras?-

No pude contestar, tan solo pude volver a apoyar la cabeza sobre la almohada.

 

 

El despertar de una nueva vida

Lentamente volví a levantar la cabeza, notaba un dolor punzante en el ojo derecho que se extendía por todo el rostro, traté de aliviar esa sensación palpándome el moratón, de mi boca salió una leve queja de dolor.

– Te duele verdad? – Preguntó ella preocupada.

Sin decir palabra alguna retiró mis manos de mi rostro y en su lugar puso las suyas y comenzó a acariciarme con ternura la cara. Tenía las manos frías como el invierno y suaves como una lluvia de pétalos de rosa.

– Me ha dolido mucho mas estos 7 años que he sufrido, quizás si me hubiera enfrentado antes a esta situación…

Hubo una pausa, agache la cabeza pero ella con sus manos me la volvió a levantar.

– Todo este tiempo has tenido miedo, intentaste evadir una realidad que te perseguía incluso en tus peores sueños, nos engañaste a todos, nos hiciste creer que todo estaba bien, pintando falsas sonrisas en tu rostro, escondiendo tus heridas. – Sandra había retirado de sus manos para empezar a gesticular mostrando su impotencia.

No podía decir nada, todo era cierto, me había convertido en un fugitivo de mi propia realidad.

– Pero a mi no me pudiste engañar –

Sandra se había quedado inmóvil con los brazos cruzados

– Todo… todo es cierto… todo lo que dices es cierto… – Mis ojos comenzaban a humedecer se y una lágrima creo un camino de liberación desde lo mas profundo de mi corazón hasta el exterior.

– ¿ Cuanto hace que sabias que dormía en un sueño de nubes negras ? – Le dije llorando

– Desde la primera vez que te vi cruzando la calle, yo estaba asomada por la ventana de mi habitación y te vi cruzar la calle llorando, pero en cuanto llegaste al portal secaste las lágrimas de tus ojos y con una sonrisa que te costó fingir entraste al piso –

Con una sonrisa tierna y con mucha suavidad fue cogiendo mis manos y uniéndolas a las de ella.

– Ahora que todo ha terminado tan solo queda que despiertes –

En mi mente la imagen de una ciudad en ruinas en medio de una tempestad se fue desdibujando, la tormenta cesó y dio paso a la luz del nuevo día.

 Ahora debo irme, pero me gustaría reunirme esta noche contigo de forma secreta en la azotea en cuanto la primera estrella ilumine el cielo quiero mostrarte algo. –

Apretó suavemente mi mano tras decir esas palabras, se despidió de mi madre y se fue.

” Me gustaría reunirme esta noche contigo de forma secreta en la azotea en cuanto la primera estrella ilumine el cielo quiero mostrarte algo ”

Que querría mostrarme?

 

 

Una ciudad, una carta y la primera estrella

El tiempo pasa incluso aun que parezca imposible.

Después de cenar y mantener una conversación con mis padres sobre los hechos, me dirigí a mi habitación. Tenía escondida debajo de la cama la ropa que me pondría para reunirme con Sandra y una linterna para poder iluminar los escalones del piso.

El reloj marcaba las 21:02 y estaba empezando a oscurecer.

Los números de mi reloj electrónico seguían avanzando, no se detenían; se aproximaban a la hora exacta que haría surgir del cielo la primera estrella.

Justo cuando me disponía a salir, entro en mi habitación mi hermana Cristal.

– ¿ A donde vas a estas horas ? – Me preguntó ella con mucha curiosidad, dejando ver su sonrisa mellada.

¿Ahora que le explicaba yo?

 Voy a bajar la basura – Le mentí, pero mi expresión facial delató mi engaño.

– Estas mintiendo, estas poniendo la cara de mentir, te conozco – Se rió con picardía

– ¿Me lo vas a decir?- Me volvió a preguntar.

– He quedado con nuestra vecina de abajo, si me perdonas llego tarde…- Mi rostro había enrojecido y mi voz sonaba algo entrecortada a causa de la timidez que me entraba al hablar de ello.

En ese momento me abrazó con fuerza y me despeinó.

– ¿No os beséis demasiado vale?, vete ahora que papa y mama piensan que estas en la cama- Comenzó a reírse y se fue corriendo a su habitación.

Besar demasiado? Si tan si quiera había dado mi primer beso.

Al salir de casa noté como me sumergía en la oscuridad del piso, saqué mi linterna y me dispuse a alumbrar mi camino hacia la azotea. Al llegar a la azotea pude reconocerla de espaldas, ella estaba sentada sobre la barandilla mirando fijamente a la ciudad que se extendía bajo sus pies, en el cielo brillaba la primera estrella de la noche.

Al escuchar el sonido que hacían mis pasos comenzó a girarse lentamente, al ver sus ojos pude comprender que las estrellas mas bonitas de aquella noche eran las de sus ojos.

– Hola Marco, creía que ya no vendrías – El tono de su voz era de sorpresa y tristeza a la vez.

– Por nada del mundo faltaría a nuestro encuentro –

Mi corazón latía con una rapidez que sobrepasaría a una estrella fugaz.

En ese momento me abrazó, y mantuvimos el resto de la conversación abrazados:

– Me alegra mucho saber eso –  Me dijo suavemente al oído.

– Dime Sandra, ¿Que querías mostrarme, por que estamos aquí ? –

Se produjo un  silencio solo interrumpido por el sonido de los grillos, su expresión era de tristeza. Ella cogió mi mano derecha y me llevó de nuevo delante de la barandilla, de su bolsillo saco un papel.

Se trataba de un informe médico, que ella sin decir palabra me ofreció.

En ese momento mi mundo se derrumbó, la ciudad perdió su luz, yo me quedé helado y apuñalado  por las palabras subrayadas con permanente amarillo:  CÁNCER CEREBRAL

Junto a ese mundo que se derrumbaba a mi alrededor me derrumbé yo también y tuve que sentarme para asimilar la situación y de nuevo retomar aire.

El amor de mi vida se estaba muriendo, apagándose un poco mas noche tras  noche.

– No me importa lo que ponga en el papel, no me importa que tu vida tenga ya puesta la cuenta atrás Sandra.- Dije casi sin respirar y dejando caer el papel por la barandilla.

Ella me miró con sorpresa con alguna lágrima en los ojos.

-No había comprendido hasta ahora la crueldad de la oscuridad hasta que he comprendido que en cada puesta de sol te alejas mas de la vida, tenias razón cuando dijiste que tenía que despertar y dejar de estar solo, por eso mismo…quiero decirte que estoy enamorado de ti –

Ahora veo que lo que dicen es cierto, jamás dejes nada para mañana, nunca se sabe si existirá realmente un mañana.


Y aquella noche del 24 de Junio , bajo la luz de la primera estrella me besó.